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miércoles, julio 30, 2008

Simple.


Ayer fue un día pesado. Hablé con mi madre, le dije a mi madre que habían abusado de mi y ella siguió lavando las hojas de elotes para los tamales que haría. Jamás volteó, jamás dijo nada. Yo pasé por muchos estados de ánimo.

En la tarde noche, llegué a la ira aumentada, gritonié a mis hermanas, pensaba cosas horribles, deseando peores, callando al que se atrevía calmarme. Maldiciendo sin temor.
De repente se despiden dos hermanas mías y me empiezan a besar con cariño mi cabeza, yo saqué unas lagrimas que no reconocía.

Al irme a casa, parecía que me habían encendido el botón de llanto. Mi hijo me limpiaba mis lagrimas.

Mi llanto era tranquilo, la ira se había ido, pero hoy estoy triste, me dí cuenta que no hubiera cambiado nada mi infancia si yo el hubiera dicho a mi madre o a alguien más. Simplemente mi vida está perfectamente aceptable así, ahora ya de adulta.

No cambiaría nada, escribo esta línea y no dejo de pensar en lo trillada que es.
En realidad, yo estoy trabajando en mi y en mis emociones, energía, etc., y me doy cuenta de la oportunidad de sanar, que la culpa no es de nadie, cada quien es como es, la fortaleza es de uno y por lo general siempre uno es más fuerte que otros.

He aprendido a llorar.
Estoy llorando lo que no había podido llorar, estoy aquí y ahora aceptado mi vida.
La amo. Así simple y vanalmente.